Notificaciones

Carlos


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Los mon-keigh se afanaban en preparar las defensas, pero muchas hebras del destino atrás, su destino se encontraba sellado. Esto era tan cierto como el pasado. Tan solo quedaba por determinarse quién se repartiría los despojos, si las hordas del Caos y las abominaciones que las acompañaban, los bárbaros Orkos o los aparentemente interminables Tiránidos.

Unos suaves pasos interrumpieron las reflexiones del vidente Alhandras. Era Setharroth, el primer brujo de su consejo. Éste se adentró en las estancias de la reflexión situadas junto al puente de mando del "Furia de Khaine" y donde Alhandras pasaba la mayor parte del tiempo desde que zarparon del amado Ulthwé. Encontró a su señor meditando, rodeado de brillantes runas que flotaban y emitían una pálida luz azulada. El yelmo cristalino del vidente era una impenetrable máscara de color negro y hueso que no dejaba entrever ninguna emoción.

- "El sector Ispaal está a distancia de asalto con naves de desembarco ligeras, sire".

Su única misión consistía en recuperar a cualquier precio la espada Naufglair, una de las 100 espadas que forjó Vaul para Khaine como pago por el rescate de Isha y que se había podido confirmar su presencia en el sistema Ispaal. Su existencia podía percibirse para cualquiera de su raza como un sol psíquico en la disformidad desde cualquier rincón de la galaxia. Tal vez eso es lo que había atraído a los Tiránidos. Algo había perturbado las protecciones con las debía haber estado confinada. Pero eso poco importaba. Debía ser encontrada y contenida antes de poder ser estudiada y utilizada de ser posible, en la lucha contra El Gran Enemigo. Muchas vidas Eldars se perderían y deberían unirse al circuito infinito, pero el precio era insignificante en comparación con el premio y cualquier Aeldari de la expedición daría gustoso su vida con tal de conseguir el artefacto.

Alhandras abrió los ojos y se incorporó. Pudo ver como la luz de la estrella del sistema Ispaal se reflejaba en las velas solares de las naves que componían su flota y hacían que su velocidad aumentase casi imperceptiblemente a medida que se acercaban a aquélla. Siete mundos orbitaban perezosos y en apariencia ajenos a la destrucción que los acechaba y destruiría sus formas de vida y ecosistemas para siempre y no pudo evitar sentir una punzada de dolor. Los mon-keigh eran una raza inferior, solo apta para las más rudimentarias tareas, pero también era una raza numerosa y la única que se enfrentaba con tanta determinación al Caos como los propios Aeldari. Los aliados, aún involuntarios, no eran frecuentes en la galaxia.

- Preparad mi transporte, dijo. Bajaré en la segunda oleada.

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